La historia de ayer sobre mi última adquisición me ha hecho recordar algo: me gusta lo japonés. Por lo menos lo que conozco, que es bastante poco, para qué negarlo. La estética, la cultura, el dinamismo moderno.
Y la cocina.
No es que sea un asiduo de los sushi bar, pero aún no he probado nada que no me haya gustado, desde pescado a verdura.


Una auténtica delicia, oiga. Y toda una experiencia eso de que te lo cocinen en tus narices.
Itadakimasu!







