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Historia de dos cámaras


En los comienzos de este cuaderno ya os hablé de la cámara de mi padre, una Konica Autoreflex T que llevaba estropeada una buena temporada. Al final pudo más la tentación y acabé comprando una sustituta, que al examinar en detalle resultó ser una Autoreflex T2 (las diferencias son tan insignificantes que ni siquiera pusieron el 2 en el nombre grabado).



La de mi padre, la T, tenía varios problemas. Por un lado el exposímetro no funcionaba. Por otro el disparador se atascaba de vez en cuando. A pesar de haber adquirido la T2, finalmente mi familia decidió repararla, pero, cosas que sólo se comprueban con el uso, resulta que tras pagar la reparación y recogerla del taller en aparente estado de funcionamiento resulta que lo que hicieron no fue más que una chapuza. Pero como digo esas cosas sólo se descubren con el uso. Volveré sobre ello más tarde.

La mía, la T2, estaba en perfecto estado de funcionamiento. Disparé un par de rollos de prueba que, además, aproveché para practicar el revelado casero, y todo parecía en orden, así que la he venido usando regularmente. De hecho me la llevé a México con la ingenua pretensión de usarla para fotografía callejera, robar retratos y esas cosas que tan bien quedan en BN y molan más si encima puedes fardar de usar película que tú mismo revelas.

26 fotos salieron del viaje, ni siquiera pude terminar el carrete de HP5+ de 36 exposiciones que le puse. Primero, porque empecé a usarla tarde, cuando dejamos de hacer "turismo de aventura" para meternos más en recorridos urbanos. Pero, sobre todo, porque a los dos días de llevarla colgada al cuello resbalé de mala manera sobre el cemento de un vado mojado por el tremendo aluvión que nos cayó en San Cristóbal de las Casas. Balance: un buen dolor de espalda (siempre que resbalo caigo hacia atrás, no falla; hacia delante son más bien tropiezos y raro es que dé de bruces en el suelo) y las dos cámaras estropeadas. Al caer intenté proteger con la mano la cámara digital, pero no logré evitar que se llevase un buen golpe y cierto chapuzón en el río que se había formado en la calzada de la calle. Preocupado como estaba por el malfuncionamiento del camarón (que para más inri llevaba enganchado el nuevo objetivo 17-55) apenas presté atención al estado de la sobradamente robusta T2 hasta más tarde una vez aparentemente aliviado el problema digital (ración de secador en el hotel acompañado de impaciente toqueteo de botones y ruedas hasta comprobar que la lente seguía enfocando bien y que los ajustes de cada programa si bien hacían lo que querían al menos se podían utilizar).

Entonces, digo, me percaté de que el trasto de acero que con tanta gravedad tiraba inerte de mi cuello tampoco funcionaba. El carrete se negaba a avanzar y por mucho que apretara el disparador, nada sucedía. Rebobiné el rollo inmediatamente y me puse a toquetear la cámara con creciente frustación. Al contrario que con la 350D, la T2 no daba señal de vida mecánica alguna que me pudiera indicar cómo solucionar el problema. Así fue como la cámara pasó de ser amuleto material de mis ilusiones fotogénicas a simple lastre en la mochila del equipaje por el resto del viaje, precisamente cuando más había previsto utilizarla.

De vuelta a España decidí intercambiar cámaras con mi familia. Presionado por el exceso de equipaje no me podía traer las dos a Holanda. Total, para el uso que le estaban dando a la de mi padre, bien me la podía llevar yo. Ya traería la mía cuando volviese a bajar. O cuando subiese alguien acá, como ha sucedido. Pero me esto adelantando.

Casi al principio mencioné lo del uso de la cámara reparada. Mi madre (y mi hermano, no nos engañemos) confió plenamente en el servicio prestado y sólo pensó en la cámara cuando se fue a pasar la Semana Santa a su pueblo. Haber "malgastado" un rollo de película en probar si la cámara estaba en perfecto estado no se pasó por su mente (aunque se lo aconsejé, también es cierto que no habría sabido hacerlo debidamente: recordad que una de las reparaciones involucraba el fotómetro). El caso es que me dio la cámara con un carrete aún dentro y el comentario de que la cámara parecía funcionar bien. Ya en casa en vez de acabar el rollo decido rebobinarlo, no sé bien por qué, quizá porque no me fiaba de lo que el exposímetro me indicaba, y una vez con la cámara abierta me puse a juguetear con ella antes de cargar un rollo mío. Así descubrí que o bien se accionaba la secuencia de disparo íntegra al avanzar la película o bien el espejo no se movía en absoluto al apretar el disparador. El revelado del carrete reveló que el problema no lo había causado yo al traerla en el equipaje facturado, y como quiera que era el único rollo utilizado desde la reparación, el defecto venía de fábrica. Ah, y el exposímetro está invertido. Si subo el ISO en la ruleta, la aguja me pide que abra más el diafragma. Si disminuyo la velocidad, idem. Chapuza no alcanza a definir la calidad de la "reparación".

Cabreado, estafado y sin cámara, pido a mi hermano que cuando venga de vacaciones me traiga la que dejé rota en casa, y hoy (ayer) así lo ha hecho. Como soy hombre de método empírico, me pongo a comparar las dos cámaras, abriéndoles las tripas yo mismo. Alguno más osado habría optado por esta vía mucho antes, pero yo no me aventuro en estas cosas sin tener un buen control del sistema.

Konicas Exposed 4

Con dos ejemplares prácticamente idénticos en entresijos pero rotos en
funciones complementarias puedo al menos usar el funcionamiento
correcto en una de ellas para identificar el fallo en la otra. Dicho y hecho. Una vez con las tripas al aire poco me cuesta encontrar cuál es el problema de mi T2 que queda arreglada en un pispás. Los problemas de la de mi padre parecen ser de más difícil solución. El tema del espejo/disparo automático es en realidad uno solo y de fácil arreglo si se dispone de las herramientas adecuadas, de las que lamentablemente carezco (un elemento móvil tiende a salirse de su raíl, bastaría con añadirle un remache). Lo otro, lo del exposímetro, me temo que requeriría hurgar aún más en las tripas de las dos cámaras, pero teniendo en cuenta que al menos una vuelve a funcionar y aunque lo solucionase aún quedaría el tema del espejo, prefiero obrar con cautela y no toquetear más.

Eso sí, cuando mi hermano baje a Madrid de nuevo, los de la reparación se van a enterar. Y si se niegan a re-reparar el desaguisado, ya bajaré yo, ya, y me encargaré de que hagan su trabajo o empezaré a poner nombres propios a esta historia, en Internet, en la OCU y donde haga falta. Estaría bueno.


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Comentarios

1
De: Algernon Fecha: 2007-08-07 09:24

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2
De: Nfer Fecha: 2007-08-07 14:35

Che, y ya que estamos...¿Si hago lo mismo con los que terminaron matando a mi querida Konica-Minolta?
Pues fue dos veces al service y volvió peor. Ahora fue de nuevo y "no me la traen porque el flete blablabla" y "no tiene repuesto", etc.

Y si la quiero como pisapapeles? ¿O para aplastarla con una motoniveladora...? Es mi máquina, carajo.

Ando sublevada últimamente, ya ves...pero tengo mis motivos.

(jaaa...no puedo permanecer seria con los comentarios de Al..)



3
De: BioMaxi Fecha: 2007-08-07 15:28

Tu querida KM debería serte devuelta, se pongan como se pongan.



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