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Interesting times


Ni fotógrafo ni gaitas: soy un puto voyeur.

A mí lo que me gusta es mirar, mirar a otras personas, inmiscuirme en su vida diaria tan siquiera por un instante fugaz permaneciendo desapercibido para ellos. De adolescente pasaba multitud de tardes sentado en un banco, solo o acompañado, bajo el sol del verano o la lluvia del invierno, con el parque a mis espaldas y simplemente mirando hacia la transitada acera de la calle. Desde aquella época cada vez que voy a un café prefiero sentarme lo más cerca de la ventana posible, siempre mirando al exterior y hacia la puerta, viendo la gente pasar.

Si hubiese tenido entonces los medios que tengo ahora, probablemente habría hecho fotografía callejera. Porque, hoy día, me encanta la buena street photography, admiro la pericia de los que saben capturar la esencia de eso que se siente al mirar la gente pasar, al cruzarte con ellos deambulando sin rumbo por las calles de una ciudad.

Yo no llego a eso. Soy demasiado lento y conspicuo, necesito saberme ignorado para poder apretar el disparador, de lo contrario la foto ya no es aquello que me había impulsado a llevarme la cámara a los ojos, así que la mayoría de las veces no puedo capturar aquello que veo. Desde luego no con los monstruos de lentes que hace Canon. Con las Konica me siento más seguro de mí mismo y disparo más. Alguna que otra postalita sigo haciendo, algo por otra parte inevitable cuando vives en un agujero negro turístico, o tiro de robar retratos con teleobjetivo, pero el objetivo de la vuelta a la película en blanco y negro es lograr desarrollar mi fotografía callejera. Pronto escanearé los carretes revelados en casa, y ya subiré los resultados a ese cuentagotas que es mi cuenta en flickr.

Hablando (de nuevo) de flickr, la conjunción de Internet y la fotografía digital es una maravilla para el voyeur que llevo dentro porque me permite mirar no sólo a traves de mis ojos, sino de los de miles de gentes más que se dedican a retratar la vida que les rodea. Curiosamente no frecuento a aquellos que se fotografían hasta el aburrimiento (no soy un pervertido que sólo quiera ver a la vecina en pelotas - aunque cuando se la ve se agradece ;-) sino a aquellos que siento son como yo, voraces fotógrafos no de su mundo privado sino de ese trozo del espacio público que les rodea. No quiero verles a ellos sino a través de sus ojos.

Una pena que todo esto esté sucediendo al mismo tiempo que la gente pretende extender su privacidad a cuando están en la calle, que cada vez la gente sea más hosca ante el que cuelga una cámara de su hombro, como si retratar fuese una perversión, como si quisiesen prohibir que la gente les mirase, que todos andemos mirando al suelo o los escaparates. Quizá este sentimiento de privacidad vulnerada se deba precisamente a ese boom fotográfico, la democratización de lo digital ha traído una realidad en la que todo el mundo está expuesto. Y encima los gobiernos no ayudan con sus medidas paranoicas, poniendo cámaras de vigilancia en todas partes a la vez que prohíben a los ciudadanos capturar imágenes en cada vez más sitios. Así se crea la sensación de que una fotografía es una brecha de seguridad o bien una invasión de privacidad, y a nadie le gusta sentirse ni inseguro ni expuesto. Así un fotógrafo es poco menos que un terrorista o un pervertido, según quién o qué fotografíes. ¿La presunción de inocencia? Bien, gracias, acompañando a la libertad de expresión artística.


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Comentarios

1
De: Algernon Fecha: 2007-08-08 20:38

Esto de defender la privacidad tiene sus pequeñas y molestas consecuencias. Y es que ya no se pueden hacer fotos a según qué cosas.

Lo dicho: sensor CMOS en la retina, ¡ya!



2
De: Assarhaddón Fecha: 2007-08-10 19:51

Pues personalmete detesto que me fotografíen o filmen por la calle, no solo por feo que también, sino porque a saber para qué las usarán.
De hecho me imagino como transeúnte casual que hace de fondo (o de pintoresco nativo) en decenas de fotos familiares de las vacaciones de alemanes, ingleses...



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