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Una mañana de noviembre cualquiera


Hoy daba una charla Cheryll Tickle, que ha venido a formar parte del comité de la defensa de una compañera de oficina. O quizá debería decir ex-compañera porque no sé si volveré a pisar ese antro. Al menos antes de que ella se marche con viento fresco. El caso es que ayer hice planes de ir a verla (a Cheryll; la última vez que la vi fue bailando un céilidh dicho sea de paso) pero hoy me he despertado con un humor variable. Será que prefiero días como el de ayer, lluvioso, a estos estúpidos cielos gris plomizo. Así que por retrasar un poco más el asunto de ir a verle las caras a mis ex-jefes (esto sí que es definitivo, vaya si lo es) me he puesto a seguir con lo que dejé anoche, que es leerme desde el principio toditita la Biblioteca de Babel. Y como uno disfruta como un enano con sus descripciones costumbristas e hiperbólicas narrativas, pues poco a poco la comodidad del sofá de mi casa ha podido a las ganas de salir a la calle, aunque sea para ver una charla sobre el desarrollo de las extremidades. Lo que no quita para que, como es mi hábito, mire cada dos por tres por la ventana, gesto a medio camino entre curiosidad por ver qué se cuece en el mundo exterior y simple desviar la mirada para concentrarme o dejar la mente en blanco, según toque. En una de estas me parece ver revolotear un pajarillo al otro lado del canal. Como me gusta eso de ver pájaros, me quedo mirando un ratín más, a ver si lo vuelvo a ver, y para mi asombro así sucede. Normalmente a los pájaros estos cuando les da por volar se van a otra parte, no se quedan revoloteando frente a la fachada de la casa de uno. Así que deduzco que algo raro pasa, y sigo mirando. ¡Míralo, otra vez ahí! Qué raro, sólo lo veo cuando pasa por esas ventanas... ¡anda la osa, si está encerrado! Pobrecillo, resulta que cuando la vecina de enfrente se ha ido esta mañana ha dejado las ventanas entreabietas. Son de estas que se abren verticalmente por la mitad, de modo que si uno las abre sólo un poquito, quedan resquicios triangulares arriba y abajo, lo justo para que haya ventilación pero no entren corrientes. Ni demasiados bichos. Pero ya sabéis que estos bichos son más listos que el hambre, y siempre se las apañan para encontrar una rendija por la que entrar a cualquier parte. Lo malo es que, como todos también sabéis, estos bichos son más tontos que Abundio y una vez dentro son incapaces de encontrar un modo de salir, aunque sea por el mismo sitio que entraron. De modo que ahí lo tenéis, un bonito ejemplar de Parus caeruleus atrapado y muerto de miedo, sin cesar de revolotear por toda la habitación, apoyándose de vez en cuando en el mobiliario de la vecina. Sé que es un herrerillo común porque es uno de los fáciles, y aunque la casa está "lejos" no es nada que unos prismáticos no solucionen. Y sé que es vecina porque esa casa es la de la asociación de estudiantes, hembras todas ellas, que cuando hace buen tiempo salen a cenar a la calle. Que te separe un curso de agua no es motivo para no interesarte por tus vecinos, creo yo. Eso sí, espero que nadie me vea mirando con los prismáticos a la casa de las estudiantes, que me puede caer una buena, jejeje. Quizá sea hora de vestirse...


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Comentarios

1
De: BioMaxi Fecha: 2007-11-27 20:54

La vecina ha vuelto hace un rato. Creo que el pájaro ya se había ido hace tiempo, pero aun así tiene que haber puesto una cara graciosa al ver sus cosas trastocadas. Está recorriendo el apartamento de punta a punta mirando las paredes y detrás de la tele y cosas así. Jejeje.



2
De: Anónima Fecha: 2007-11-27 21:39

Pues lo de tu visita a la Biblioteca de Babel está divertido: voy siguiendo tus huellas en donde vas comentando y es como si me hicieras una selección de entradas :-)

Me ha gustado especialmente la de la donación de sangre, todavía en blogger, por sus repercusiones en las visitas desde Idaho interesados por los osos grizzlies y sus debates amorosos :D



3
De: BioMaxi Fecha: 2007-11-28 01:14

Anónima: pues no te creas, me muerdo la lengua, que comentaría casi todas.



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