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¿Fotografía de alto riesgo?


Lo conté en su día en flickr, pero en inglés. Quizá deba decirlo por aquí también, que tener un blog debería servirle a uno para algo, digo yo.

Últimamente tengo por costumbre salir a diario a hacer fotos por la tarde, entre las 6 y las 8, aprovechando la luz de poniente para jugar con los colores y las sombras. Hace una semana, el 16 de Abril, oí desde mi casa como alguien tocaba música en la plaza cercana. Era más pronto que de costumbre, así que me resistí a dejar lo que tenía entre manos sólo por eso. Pero que tocaran una canción de Michael Jackson con timbre de Monkey Island y acto seguido se explayaran con la melodía del Mario Bros, pues como que me decidió a que saliese a ver quién se atrevía a semejante audacia.

No eran ni las 5, pero cuando llegué ya estaban recogiendo. Bueno, al menos haré fotos de eso, pensé. Entonces caí en la cuenta de un cartelón azul, en danés, con el nombre y procedencia de la banda. Apunta, dispara, comprueba exposición, ajusta parámetros en modo manual para compensar, apunta de nuevo. Sorpréndete por el gesto airado del tipo que ves se te echa encima. Dispara, medio por instinto, medio decisión consciente previendo lo que se avecina:

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Resulta que la susodicha plaza es centro de reunión habitual de lo que en estos lares pasa por matoncillos de pueblo. Al amparo de los cofeeshops cercanos, se juntan fumaos con proveedores de otras cosas ilegales aun en este país. Y que, reconozcámoslo, es la única plaza medio decente que tiene este pueblo que es Leiden, así que como toda plaza de pueblo, atrae su ración de gente ociosa.

Vamos, que los cuatro bancos mal puestos que hay junto al puerto están perennemente ocupados por los pringaetes de siempre, así que ni me di cuenta de que estaban ahí, la verdad. Pero el grandullón del bull-dog sí que se dio cuenta de mi foto y alertó a los demás.

Así, sin comerlo ni beberlo, me veo rodeado por tres o cuatro matones haciéndose los duros (ya sabéis, hablándote a un palmo de la cara, metiéndote el pecho contra el tuyo, esas cosas que tanto intimidan a otros). Que por qué les había hecho una foto, me dice el de los rizos que tanto gesticula. Le contesto que yo no les he hecho ninguna foto. Enséñanoslas. No me da la gana. Que nos las enseñes o te rompo la cámara, interviene el rubiales del perrazo. Y como para hacerme creer que es capaz de ello, le arrea con un dedo un golpe a mi objetivo 28mm recién estrenado. Por ahí sí que no paso, me digo, y le suelto que si se le ocurre tocarme la cámara le parto la cara. ¿Qué has dicho? Se lo repito. Al tipo se le hincha la vena, se ve que no está acostumbrado a que la gente se le suba a las barbas, y empieza a insultarme. Me empuja, me incita a que le pegue, pero mantengo la sangre fría. Sé que si le pego es la excusa perfecta para que me arree una paliza. Mientras los otros empiezan a intervenir, como preocupados. Un chaval me dice "tío, no sabes con quién te la estás jugando, que este tío te mata". Por la actitud del resto del grupo deduzco que se trata del jefecillo de alguna banda local. Los tatuajes con el escudo de Leiden en el interior de su muñeca (puedo observarlo perfectamente cuando me agarra de las solapas de la chaqueta) parecen confirmar esa noción, así que procuro calmarme. Pero el otro no me deja y vuelve a la carga, insultándome, cogiéndome el sombrero y tirándomelo. Le digo que allá él, que como siga llamo a la policía. Parece enfurecerse más, me escupe a la cara, y se aleja acompañado por alguien; yo saco mi móvil, observo que le queda un átomo de batería y marco el 112.

El de los rizos ha ocupado el lugar del rubio, no se separa de mí y al verme con el móvil en la oreja me pregunta que a quién llamo. Justo entonces el móvil se me muere, pero hago como si no. A la puta policía, le informo, a lo que el muy gilipollas contesta que muy bien, que en ese caso no le queda más remedio que llevarse mi cámara. Y la agarra de la correa, que por una de estas cosas de la vida llevo al cuello, contrario a lo que suele ser mi costumbre. Acto reflejo, le agarro de la muñeca. Guardo el móvil y empiezo a forcejear. Que borre las fotos y desaparezca. Que sueltes la puta correa. Que hagas lo que te digo. Que te folle un pez. Logro abrirle el puño y soltar la correa y el tipo se me encabrona y me suelta un puñetazo en la cara. Que me empujen, pase. Que me escupan, pase. Que me intenten robar, pase. Pero que encima me arreen por defenderme, ya si que no, así que empiezo a hostiarle yo también. Otros dos colegas que quedan alrededor me agarran de los brazos, el otro me suelta algún otro golpe, una patada al tobillo, yo le pateo la cadera.

Por fin la gente de las abundantes mesas de las terrazas cercanas decide intervenir. Gritan que o me sueltan o llaman a la policía. Me cabrea que de hecho nadie haya llamado aún, pero vaya. Me vuelvo hacia ellos y les sugiero que en vez de amenazar usen sus móviles para llamar, cojones. No les convenzo. Los otros se van en desbandada, tengo que entrar en un bar para pedir que llamen a la policía. La camarera lo hace. Salgo de nuevo, no queda nadie. La boca me sabe a sangre, escupo y vuelvo adentro. La moza me dice que la policía va a buscarles y que cuando los localice vendrán al bar a tomar mi declaración, así que puedo tomarme algo mientras espero.

Una patrulla no tarda mucho en llegar. El poli habla conmigo, con la camarera y la gente de fuera, e informa por radio de la descripción de los cabritos estos. Me lleva al interior del coche patrulla, le enseño las fotos, reconoce al rubio, habla por la radio un rato. La gente no deja de mirar, claro está. Me jode pensar que el hecho de que sea yo el que está dentro del coche con los polis alrededor pueda hacerles pensar lo que no es, pero me importa un pimiento. Ya les tenemos localizados, me informa al poco. Los llevamos a la comisaría, ven conmigo para que te tomen la declaración. Vale.

Me toca esperar un rato, una agente me toma mi declaración, la descripción de los asaltantes. Otro policía me pide que le de las fotos. Coincide que están en RAW y son incapaces de leerlas en su ordenador, así que me toca enviarlas por mail en cuanto llego a casa, 3 horas después de haber salido. Los cargos son asalto, intento de robo y vejación. No creo que tenga que ir al juzgado a declarar (me preguntaron si estaba dispuesto pero me informaron de que no sería necesario) pero no me importaría.



Hasta aquí la historia. Si me hubiesen pedido por las buenas que no les hiciese fotos, lo habría respetado. Les habría explicado qué es lo que hago, que estoy en mi derecho de hacerles fotos si quiero pero que no tengo ningún problema en no hacerlo si les molesta, pero ellos empezaron con la intimidación. Reconozco que ponerme gallito fue una "irresponsabilidad", pero es que está en mis genes, sólo me he achantado en un par de ocasiones en mi vida y sólo porque salieron a relucir navajas de cierto pelo. También he de reconocer que me contuve porque llevaba la cámara encima y no hacía más que pensar en cuánto me costaría económicamente el que me la rompieran, así que procuraba más no soltarla que defenderme, lo cual es bueno, porque probablemente me habrían pegado una buena paliza si hubiese dejado aflorar mi ira antes. En fin. Una batallita más que contar.


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Comentarios

1
De: guiye Fecha: 2008-06-25 13:43

Hombre, yo veo a esos pintas con un pitbull y no pienso que se lo van a tomar bien de primeras.

La cuestión es ¿merece la pena estar en el punto de mira de alguien despues de un incidente así? Yo creo que no.



2
De: Quique Fecha: 2008-08-28 03:16

estás como una cabra, pero olé tus cojones. Y no hay nada más que decir, excepto que intentes evitar estas cosas en el futuro, q te llevas un susto del carajo.



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